lunes, 19 de agosto de 2013

Entre Rejas

En última fechas la gran mayoría de los habitantes de la ciudad de México nos hemos sentido "secuestrados". Secuestrados en nuestra propia casa, ya que hacer el intento de ir de un lugar a otro es algo más que imposible. Las distancias que realmente son cortas son ahora inmensas en tiempo y gasto emocional y mental. Ya no hay los domingos de casa de la "tía Toña" porque ir a ver a la tía Toña aun en domingo implica un promedio de una a dos horas en el interminable tránsito vehicular, todo esto ocasionado ya sea por las obras monumentales del segundo, tercer, o cuarto piso del periférico, de la creación de algún puente nuevo que atraviesa la ciudad, o del más moderno viaducto Tricentenario (porque el del Bicentenario ya está iniciado). Y si no nos encontramos con grandes grúas en los tramos que recorremos, topamos con toda la bola de irresponsables que creen que la única manera de salvar nuestra democracia es secuestrarla y toman las calles "sin violencia" pero eso si, sin educación,
Y la verdad, dos horas para ir a ver a un pariente mmmm no, y lo peor no son las dos horas, sino las dos horas sufriendo, el clima, la tensión de los demás automovilistas, el malestar de lidiar con los transportistas. Son mil y un cosas las que nos atacan y que nos hacen preferir quedarnos en casa.
Es tal el secuestro que aun en caso de enfermedad, preferimos ver al doctor "no tan bueno" pero si más cercano. Ese es mi caso, la semana pasada me recomendaron a una gran dermatóloga, que no dudo que sea la mejor, pero al decirme que su consultorio está en Médica Sur, mi respuesta fue: "mejor que se me caiga a pedazos la cara" porque eso de ir hasta allá ni cómo.
Algo se tiene que hacer no podemos seguir viviendo secuestrados por nuestros propios gobernantes y otro tanto por el miedo a las manifestaciones.
No se vale.