domingo, 26 de marzo de 2017

Tenemos que hablar

Tres palabras que causan terror en las parejas, "tenemos que hablar" ... pero hoy no quiero hablar de ese tono o de el sentir de esas palabras cuando se las expresamos a quien por algún tiempo ha compartido nuestra vida.

No, hoy quiero hacerles pensar un poco, un poco a la falta de conversación que sufrimos de un tiempo atrás. Hemos perdido el arte de conversar. Ya sea por el mensaje rápido que enviamos por un medio virtual, o por el largo diálogo que tenemos por ese mismo medio; pero conversar es un arte que ya no sabemos disfrutar.

Conversar no es sólo hablar, y soltar todo lo que hay dentro de nuestra cabeza. No conversar es un arte, es el arte no sólo de decir, sino también de escuchar y empatizar. Conversar implica algo más que sólo soltar lo que tanto quiero decir, conversar es también escuchar. Es dejar que el otro exprese su opinión, intercambiar opiniones, dar nuestras ideas, escuchar y ser escuchado. Empatizar y también por qué no, discutir.

Hoy día, nos gusta que nos oigan, nos gusta que los demás no den su opinión sobre el tema que yo quiero expresar. No nos gusta recibir retroalimentación, y mucho menos crítica o la opinión de los demás sobre "mi" tema, "mi" vida.  Pero eso no es conversar, para eso, siéntense con un perico, o su perro, y simplemente cuéntenle todo lo que quieran decir.

Para conversar hay que aprender a dar y recibir, a hablar y escuchar. Hay que volver al maravilloso tiempo en el la gente se daba el tiempo de llevar largas conversaciones sobre la mesa, que nos juntábamos a saber del otro un poco más, y poderle expresar lo que sentíamos. Esas llamadas de juventud que tanto odiaban nuestros padres de horas, pero que servían para realmente contarnos todo, y oir risas a todo lo que daban.

Conversar no es sólo lidiar con el reporte del clima, o si ya el Cruz Azul volvió a perder. No Conversar es saber de temas en común, de relatar nuestro día, y estar dispuestos a recibir opinión.

Conversar es un arte que no muchos tienen, y que la gran mayoría ya ha perdido .. y yo por eso hoy quiero decirte
Tenemos que hablar.

viernes, 24 de marzo de 2017

llorar, ¿por qué ya no puedo llorar?

El martes 24 de noviembre de 2009 llegó a casa un especialista a ayudar a mi padre a respirar un poco mejor, retiro las flemas de su garganta, y le ayudó a que su respiración fuese un poco mejor. Juan Carlos, el enfermero que había ido diario a cuidarlo esa semana, lo baño y luego lo acomodó en su cama. Se retiro cerca de las 8.30 de la mañana y antes de las 9 am, mientras mi madre y yo lo abrazabamos ella viendo su cara y yo cubriéndolo con mi cuerpo porque parecía tener mucho frió, exhalo tres veces fuertemente y murió. Había visto por última vez a sus seres querido ese fin de semana, y habló con algunos de ellos por teléfono. Se despidió y murió tranquilamente. Tal cual su vida, aun cuando fue un persona muy intensa, su vida la vivió tranquilo, se estresaba y daba de gritos dignos de un "oscar" ... épicos sus regaños y sus enojos. Pero fue un alma generosa, alguien que se preocupó por mejorar la vida cultural de los mexicanos. Un buen marido, y un buen padre. Mejor amigo que hermano, pero preocupado siempre. Y así como vivió murió.
Y antes de que yo pudiese llorar y derramar una lágrima, mi madre me detuvo y me pidió que me saliera del cuarto, que no quería que mi papá escuchara mi llanto; que aunque ya hubiese muerto, él seguía con un cierto grado de conciencia, y no era correcto que se fuera triste. Que ella no lo iba a permitir.
Salí a hacer las llamadas pertinentes a su médico de cabecera. Y cuando volví al cuarto mi madre ya lo había amortajado. Ella dijo, que no iba a permitir que nadie tocara a su marido y lo arropara.

Ese día quise llorar, quise llorar mucho y no pude, no pude aunque es el hombre que más he querido.

Hoy quiero llorar, quiero llorar. Llorar por quién he sido, y por quién soy. Por la mujer que necesito ser y la que debo dejar atrás. Quiero llorar, Quiero gritar a los cuatro vientos, llorar y dejar todo lo que tengo dentro fuera, sacar y soltar. Quiero llorar, pero no puedo.

Quiero dejar de creer, quiero creer sin dejar.  Quiero llorar. Y no puedo, no puedo porque no sé cómo lograr lo que quiero dejar, lo que quiero terminar, y con lo que me quiero quedar.

Qué quiero, a dónde quiero llegar.

Por mientras no sé si puedo llorar ... no puedo llorar ..

martes, 21 de marzo de 2017

¿de qué?

Me preguntan de qué escribo o para qué, pero la verdad no podría decir ni lo uno ni lo otro. Simplemente pongo palabras, y espero que tengan alguna coherencia. No tengo un tema específico, ni sigo una línea de escritura. He intentado un poco de todo, desde el típico tema de auto ayuda, hasta las mórbidas palabras que llevan a ideas eróticas. Pero simplemente no sabría decir de qué escribo.

Lo que si sé es que me gusta, me gustan las palabras, y me gusta que aunque sea por un momento tengan algún sentido, sé que lo tienen sólo para mi; pero qué importa, las pongo y si a alguien más les gustan qué padre.

Hoy qué quiero decir, no sé; creo que en estos momentos en los que mi vida no acaba de jalar para ningún lado, no habría mucho que decir, pero siempre hay algo que decir, siempre hay algo que comentar. Y hoy quiero hablar de un tema un tanto triste.

Ayer me buscó mi amiga Yola para informarme de la muerte de su padre. No tendría que sorprender a nadie que un adulto mayor haya muerto, pero en este caso hay mucha tristeza ya que no hace mucho el hijo de Yola murió de un cáncer terrible. Así que en lo que va de este año Yola ha perdido a su hijo y a su padre. No sé qué tendrá en su corazón en estos momentos, y tampoco sé cómo se siente. Recuerdo cuando murió mi padre y el vacío que causa una muerte es indespritible, pero la muerte de un hijo acompañada al poco tiempo de la del padre debe ser devastador.

Y aún con tales noticias tan tristes, Yola se mantiene entera. Si claro, la nota uno con la mirada perdida, y la siente uno con una gran tristeza, pero busca lo positivo, busca sonreír a pesar de su dolor. Busca animarse con bromas tontas y saludos infantiles. Busca no acabar con su cordura.

Así es como debiera uno vivir su vida, sin ver lo malo, sin dejar que los problemas nos tiren, que nos hagan pedazos. No permitir que el dolor acabe con nuestro deseo de vivir. Debemos sacar estámina del más allá y pedir por nuestra sanidad mental y emocional. Debemos buscar una sonrisa en las lágrimas que nos quieren inundar.

Debemos aprender a dar gracias, muy a pesar de lo que nos hayan enviado para retarnos esa semana. Debemos aprender a salir adelante con todo lo que nos tire el mundo. Enfermarnos no es una opción, cáernos tampoco, debemos como Yola encontrar una sonrisa en el pántano que nos quiere tragar.

Y si ella puede, ¿por qué a los demás, que tan sólo nos pesa una deuda o un gripe nos achaca, nos cuestra tanto salir?

Vamos vamos a salir adelante, vamos a buscar eso que hoy nos haga sonreír.

Ayer alguien me dijo, escribe tu temor, busca en tu escritura vencer ese miedo, reinventa tu ser, y sal adelante. Escribe, escribe para encontrar qué es lo que puedes cambiar.

Hoy decido cambiar, hoy salgo con una sonrisa y un gracias antes que un ¿por que? Hoy no dejaré que me acaben los pesares, y lo haré por agradecer el amor y amistad que Yola me ha enseñado en tan poco tiempo

Gracias Yola, y gracias por ser tú quien me enseña a agradecer la vida.

lunes, 20 de marzo de 2017

¿hola?

Despedirse es una señal de que algo ha terminado, de que el día llega a su conclusión. Que un trabajo ya no nos conviene y nos despedimos, que nos vamos alejando de un lugar y hay que decir adiós.

Pero despedirse siempre nos deja un pequeño vacío, algo se pierde. Puede ser esa amistad de años, que hoy no comprendió nuestro sentir, puede ser despedirnos del sol y dar paso a la luna. No importa qué o a quién decir adiós sin voltear siempre nos deja un pequeño espacio que nadie podrá llenar.

Pero decir adiós a algo que nunca pasó, despedirse de alguien que nunca existió, eso nos deja un vacío aun mayor. Expectativas que alguien creo, detalles sin fundamentos y todos dirigidos a crear suposiciones que abrigaban nuestra ilusión.

¿Cómo le dices adiós si nunca hubo un hola? Puedes terminar algo que nunca inició, aun cuando sabes que es lo mejor, quieres aferrarte y seguir soñado que algún día ese "hola" aparecerá.

No puedo escribir, no sé bien a bien qué decir ... sólo sé que me quiero despedir, y pero quiero aferrarme a un sueño que tu voz alimentó.

domingo, 19 de marzo de 2017

Hambre

¿De qué tengo hambre? .... mmmm si ya sé, Pizza.
Ojala todavía haya de pepperoni, sin ser mi favorita de las de súper son las que más me gustan... bueno si no encuentro me compro un poco de salami y a la de jamón se lo pongo, ya sé también voy a comprar un poco más de queso, la mezcla esa de tres quesos me gusta; ya se me antojó más.
Mira, qué suerte queda sólo una de pepperoni, digo en voz alta.
"Mi favorita es también la de pepperoni" escucho al tiempo que alcanzo la última caja de pepperoni.
"perdón"
"si pero no hay problema, acepto la invitación a cenar." me dicen
No me atrevo a voltear, la voz que escucho me transporta. Pero no quiero saber quién me habla así. Es una voz fuerte, un tono imperativo pero que me hace querer invitar al hombre que me habla.
"Lo siento, no suelo invitar extraños a casa" atino a decir al tiempo que volteo a dejar la pizza en el carrito.
Detrás de mi un hombre alto, sin mayor chiste y con una gran sonrisa me recibe la pizza antes de poderla poner en el carrito.
"Harry" dice sin mayor miramiento "ya no somos extraños"
"perdón"
"no tienes que pedirme perdón, al menos no por ahora" dice
"no lo conozco, no podría invitarlo a casa" es lo único que alcanzo a decir mientras intento mover el carrito y salir de ahí
"¿a qué hora me esperas?" me pregunta con tal seguridad que me asusta y me excita.
"a las 8" es lo único que puedo decir
"perfecto, yo llevo el vino" me dice
"no bebo vino"
"hoy si lo harás" me contesta y una sensación de calor me invade y me doy cuenta que hoy si beberé vino.
Saco de mi bolsa una pluma y un pedazo de papel que traigo un poco arrugado y apunto mi dirección:
Avenida de la Unión, Edificio Géminis Departamnto 6.
"no tengo elevador, tendrá que subir por las escaleras" le aclaro, sin entender por qué a un extraño le acabo de dar mi dirección sabiendo que vivo sola.
"compra más queso, y un poco de orégano, me gusta mucho el orégano" es lo último que escucho cuando toma el papel.
Trato de caminar rápido hacía las cajas, lo único que quiero es pagar y salir del lugar. Algo me hace recordar el queso y el orégano, y tengo que regresar.
Pero qué tipo de queso, no sé qué queso quiera y si prefiere el orégano molido o ... no esto no está bien. Debo hablar con alguien, pedirle a alguien que esté conmigo en casa, que no me encuentre sola.
Llevaré diferentes quesos, y orégano del que encuentre. No quiero vino, no lo bebo me da dolor de cabeza y la nariz se me pone roja como el reno de la canción de niños. No, vino si no beberé; mejor me compro un jugo de ese que tiene mezcla de dos frutas y ya, no me puede obligar a beber vino.
Pero de qué hablo, cómo estoy pensando que estaré en casa cuando llegue el tal "Harry", no lo que debo hacer es simplemente no estar en casa. No sé, irme a dar una vuelta al parque, o ya sé mejor me meto al cine y me olvido de este incidente.
Podría también avisarle a la policia o no sé, marcarle a alguno de mis amigos para que estén pendientes.
A la policía, estás tonta de la cabeza o qué te pasa, tú por tu propia voluntad le diste tu dirección, nadie te obligó, el señor simplemente dijo que aceptaba tu invitación y cual vil loca ahí estás dándole tu dirección.
Lo sé pero, es que su voz, la fuerza con la que me habló, sin gritar, sin mayor esfuerzo su voz me hizo querer estar con él.
Quisiera entender qué o cómo pero no hubo necesidad de nada, simplemente su voz.
"¿encontró todo lo que buscaba?" me pregunta con flojera la cajera regresando mi mente al lugar dónde me encontraba.
"si, perdón" y terminé de vaciar el carrito.
"seño, ¿está bien" me pregunta la señora que me empaca descuidadamente la comida.
"si" alcanzo a decir, antes de que mi mente empiece a intentar entender qué fue lo que pasó.
Normalmente camino a casa, pero hoy sólo quiero llegar. Llegar y cerrar bien las puertas de casa. Llegar y no dejar que ni el viento entre por las ventanas. Tengo miedo, mucho miedo. Pero de qué tengo miedo, finalmente cuando toque el timbre, si no le abro no puede llegar a mi departamento. Si ya está, hago como que no estoy en casa, y el tal "Harry" tendrá que irse.
Tomo un taxi, le doy la dirección equivocada. Avenida del Congreso, Edifcio Sagitario. Finalmente es la calle de atrás; pero y por qué demonios le doy la dirección equivocada. Cada vez entro más en pánico, seguro está afuera del súper y me va a seguir, checar que si le di la dirección correcta.
No veo a nadie siguiéndonos, el trayecto pasa sin problema alguno.
Me bajo en Congreso y camino a Unión mirando a todos lados, esperando verlo. Ni siquiera me acuerdo de cómo sé ve, sólo recuerdo que es alto y esa voz. Voz que nuevamente me lleva a querer estar en casa esperándole.
Por dónde empiezo, la casa está toda tirada y no hay mucho tiempo para tener la pizza lista y limpiar la casa. Mi cabello, mi cabello es un desastre. ¿Qué hago, qué recojo, qué arreglo?
Parezco colegiala en su primer baile de quince años, quisiera que alguien viniera a mi rescate, que me ayuden a limpiar y que alguien me arregle el cabello para no parecer estropajo sin lavar. Mira el estado en el que está la cocina. Tengo que levantar los platos por lo menos.
Cómo puedo hago un poco de limpieza, y alcanzo a recoger mi pelo y dejar la cocina un poco limpia; pero ya casi son las ocho.
¡Mi cuerpo se enchina! ya son casi las ocho.
No avise a nadie que vendría, si me pasa algo, nadie sabrá que fue mi estupidez la causa de eso. No, no voy a abrir la puerta. No lo dejaré pasar y ya.
8 de la noche. No se escucha nada, no hay ni un menor ruido en la calle, a lo lejos alcanzo a oír los autos de la avenida principal, pero son los ruidos que día con día se alcanzan a oír. Nada fuera de lo normal.
8:05 y el timbre no suena. Será que está descompuesto, hace tanto que nadie me visita que podría ser que no sirva. Pero ni modo que baje a revisar si sirve y me lo tope de frente. No, aquí me quedo.
8:30 No vendrá.
Meto la pizza al horno, la pongo en suave. Siempre me ha gustado más cocinarla en fuego muy suave, me gusta que el queso se derrita muy bien, pero que no se haga lechoso.
9:00 tontamente empiezo a llorar. Pero, ¿qué me pasa? ni conozco al hombre, seguro para él fue muy divertido verme correr como gallina sin cabeza por el súper para conseguir lo que me pidió.
9:30 ya va a empezar la película que quiero ver, mejor me siento tranquila a verla, finalmente eso era el plan desde la mañana.
Me sirvo con cuidado mi trozo de pizza y en automático le pongo orégano, a ver Cecilia, tú nunca le pones más orégano a la pizza, se ve que te afectó su voz.
10:00 me quito la ropa en un comercial, y me pongo mi pijama.
10:15 suena el timbre. A esta hora quién podrá ser, es lo único que se me ocurre pensar.
"abre" es lo único que oigo, es él "Harry"
"¿quién' vuelvo a decir" aun cuando sé que es él.
"Abre" subiendo un poco su tono de voz vuelve a decir.
Toco el timbre de la puerta para abrir, y escucho cómo se azota la puerta.
Mi cuerpo empieza a temblar, no sé si es miedo, o si su voz me excita.
Son dos pisos los que tiene que subir, qué debo hacer, no hay tiempo de volverme a vestir. La pizza ya está fría. ¿qué debo hacer?
Dentro de mi, sólo atino a pensar. Se va a enojar.
Oigo sus pasos fuera de mi puerta, subió muy despacio, lo sé. Escucho su respirar y mi cuerpo reacciona.
"Abre" dice sin tocar la puerta ni el timbre.
Quiero dejarlo afuera, quiero correr y llamar a la policía. Pero abro despacio la puerta y lo dejo pasar.
"¿por qué no me estás esperando?" dice al punto que señala mi ropa.
"es que, me dijo a las 8"
"¿me estás reclamando algo?" en un tono un poco enojado me pregunta
"bueno es que..." no logro terminar la oración, cuando ya siento su mano tomando mi cara
"a mi nadie me reclama nada, y menos tú" entendido
"si" es lo que alcanzo a decir.
"cámbiate, me molesta tu pijama" me ordena
Camino a la recámara y siento su mirada siguiéndo mis pasos.
"deja la puerta abierta" me gusta ver
"no por favor" con voz cortado le digo
"quieres que me enoje" sube su tono de voz
Dejo la puerta abierta, tomo la ropa que antes traía puesta y poco a poco me quito la pijama. Sé que me está mirando. Mi cuerpo reacciona a su mirada, se tensa todo mi cuerpo. Trato de ponerme rápido algo sobre mi cuerpo desnudo.
"despacio" quiero admirar lo que acabo de comprar
Comprar, comprar resuena en mi mente esa palabra.



jueves, 16 de marzo de 2017

Pintoresco

Invariablemente el clima de la ciudad de México es todo menos normal, pero este año bueno ha sido llámemosle píntoresco por no llamarlo raro. Vamos un poco atrás con los dichos que los viejitos usan para hablar del clima: "febrero loco y marzo otro poco" .. pero si chécamos este año el clima ha sido todo menos loco más bien totalmente irracional.
Desde diciembre no atinaba uno a qué ponerse, si de acuerdo diciembre nunca realmente frío, pero de eso a pasar un diciembre de calor, en el que varios días ni necesidad de sweater había eso ya ralla en lo rídiculo. Y luego llegó enero, mes en el que el frío normalmente si nos cala los huesos; de nuevo ni qué decir de este enero, pasó sin gloria ni pena y nos esforzamos a de vez en vez ponernos una pashmina (que es lo de moda, antes se llamaban bufandas) ... y botas bueno ni para qué.
Nos cae entonces febrero, el que nos ofrece cada año días de sol, días de lluvía, días con mucho frío y al día siguiente calor .. pero este año ni sus luces de locura, nada, un aburrido febrero que no nos dejó pintarnos de invierno.
Ah, pero esperen que nos cae marzo, un mes que normalmente se lanza como el preámbulo a un delicioso abril, un mes que a veces nos da un poco de frío pero nos va preparando para el calorcito rico de abril y mayo ...y este año ¿qué nos trae marz? frío, lluvía, sol todo el mismo día y no hablo de un poco de frío, zaz hasta el mismo Popocatépetl decidió llenarse de nieve a pesar de su movimiento volcánico.

Pero bueno y de cuando acá soy la maestra de la meteorología o por qué queques tengo que hablar del clima, no sé creo que mis días se han pintado igual que el clima, sin ton ni son... ya no sé si voy o vengo o si lo que está pasando es normal o si más bien he cambiado y mi vida ya no será igual

Trabajo, qué les digo no sé si estoy o no trabajando, vida personal, ya no sé si existe, si es personal o si más bien ni tengo o todos la conocen.

Viajes, de qué hablo si no me alcanza ni para pagar un paseo al parque de la esquina.

Si la economía del país me tiene igual de fregada que saber qué ponerme en las mañanas por este che clima raro, las finanzas de casa, las mías y las de mi bolsillo parecieran ponerse en contra de todo lo que uno tiene planeado para cuando la vejez llegue.  Y miren que no es que me apure llegar a vieja, pero aceptar que no me hago cada día más joven no es falacia.

Bueno pues después de una chilladera de que la vida nos está tratando mal, y que la vida no es lo que esperaabamos tengo que salir a decidir qué ponerme antes de enfrentar la mañana


lunes, 13 de marzo de 2017

Corre que la nube te alcanza

"Mira mamá, ahí está de nuevo"

Era una enorme nube que siempre me seguía a dónde quiera que fuera, me encantaba seguirla, correr hasta ella y sentir que era yo quien la alcanzaba, me esmeraba en levantar mis brazos lo más alto que pudiera para tocar su suavidad y sentir que su forma de algodón me acariciaba.

Así mis sueños hoy día, así los sigo con los brazos abiertos y corriendo para que me dejen sentir su locura, su suavidad y su calor.

De niña era simplemente una nube, hoy día son mil cosas. Ya sea un mejor puesto en la empresa, ya sea el viaje que quiero hacer, o el beso del hombre que amo al final del día. Siempre despierto con un sueño nuevo, con un algo nuevo que perseguir. Y no importa que sea desde lo más tonto hasta lo más descabellado, hay que soñar.

Pero, ¿por qué será que los adultos dejan de soñar?  Posiblemente tiene que ver con lo que de niños nos dicen, "eso es una tontería, déjate de soñar y pon los pies en la tierra, las cosas no son como tú las quieras" ... eso posiblemente nos haga borrar las nubes enormes que queremos alcanzar, o borramos a nuestros amigos imaginarios, y acabamos con el sueño de volar.

Búsquen dentro, búsquen y no se dejen apagar. Ese niño sigue dentro, búsquenlo y vuelvan a correr con los brazos abiertos, vuelvan a perseguir ese sueño que hoy es más fuerte que ayer.

Corran por su nube, abracen su nuevo sueño... qué los mueve, qué los hace vibrar .. ese es su sueño, ese es a quién perseguir.

jueves, 9 de marzo de 2017

Y no vendrías

Desde anoche escogí los calcetines que me pondría hoy para verte, escogí unos muy coloridos, de esos que volteas a ver desde lejos. Rojos con verde y una gran franja navideña, si ya sé no es Navidad y seguro de eso te reirías y harías bromas; pero igual, esos escogí.
Hoy muy temprano me desperté con la emoción de verte, con una pequeña mariposa en el estómago que revoloteaba frágilmente dentro de mi. Me apresuré a bañarme y dejar mi piel suave para sentir tu roce y que vieras que me gusta tu suave piel contra la mía. Me perfumé con el perfume que siempre te ha gustado, y me decidí por una blusa de tela suave, con colores otoñales como mi edad, pero con un hermoso cuello que permitía ver más allá de sólo un poco de cuello. Jeans, si serían jeans y unas pequeñas botas negras con un leve tacón que haría resaltar mi trasero en los jeans apretados. Peiné mi cabello suelto, como te gusta verlo; maquillé mis ojos un poco más de lo normal, siempre has dicho que tengo ojos de pipisca, pero también sabes que cuando los maquillo resaltan el brillo cuando miran los tuyos. Los labios los dejé muy natural, nada de color, sólo brillo que no afecte el efecto de mis ojos.
Salí temprano, pero no tan temprano. A lo mejor llegaría un poco después, pero igual arriesgaba con el tráfico perder la entrada.... y así fueron pasando los minutos, y las horas. La pequeña mariposa fue poco a poco muriendo, ya no revoloteaba; simplemente dejó de aletear.
Sabía que no habría esa llamada, que no te vería, que hoy como ayer no vendrías y que no te vería.
Sabía que sonreír y aparentar estar bien tampoco me ayudaría.
Mi cuerpo extraña tu roce, mi cuerpo extraña tu risa, y tu voz llamando a la mía al hacer el amor.
Extraño tus enojos, tus carcajadas y tus palabras socarronas al regañarme por no prestar atención.
Me hace falta que me llames en la noche y me cuentes tu día, que me hagas reír por las cosas más sencillas y que me hagas pensar en las cosas más importantes.
Pero no vendrás, y no te veré. Y seguiré extrañando tu cuerpo, seguiré pensando en tu risa, recordando tu voz, y queriendo que me llames. Pero no vendrás.

Y seguro hoy en la noche buscaré qué ponerme para verte, y seguro mañana me peinaré pensando que oiré tu risa acariciar mi cabello y despeinar mi ideas.

Pero yo sé que no vendrás, ni hoy ni mañana. Simplemente ya no vendrás.

Y te seguiré extrañando, y seguiré velando por ti.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Llegas a mi vida

Quisiera pedir que de nuevo llegaras a mi vida, pero sabes quisiera que llegaras un día como el que viví no hace mucho; y no ese día que pasaste sin mirarme.

Quisiera que vieras la vida que sonreía en mi corazón, y que miraras como yo veía los amaneceres y la noche caer con júbilo y no con el pesar de una vida que se ha enrarecido; que poco a poco se ha envejecido.

Ver mis ojos con el alma de niña que no hace mucho aun disfrutaba, mis ojos que se sorprendían al mirar al cielo cuando escuchaban el chirpear de un colibrí.  Ver esos ojos que se abrían cual platos cuando la luna le regalaba sus primeras luces y cuando se apagaba al morir la noche y dar entrada al sol.

Escuchar mi risa que se enternecía al sentir los pasos de un infante, o esa risa que moría al oír el llanto de niños al final del camino.  Escuchar cuando soltaba la carcajada sólo de ver alguien reír.

Me gustaría regalarte a la que hasta hace poco no sentía miedo, que caminaba fuerte, y pisaba más fuerte. Que podía decir hacía donde caminaría y no preguntaba, simplemente lo hacía.

Esa pisada que la gente seguía y que admiraban. Caminar despacio o rápido depende de lo que estuviesse viendo.

Tanto y tanto más me gustaría que hubieras conocido, pero llegaste a mi cuando estaba cansada. Cuando mi mirada se cubre de lágrimas ante las injusticias del mundo, cuando mis pasos temen andar por miedo a caer. Miradas que no oculto pero ya no comparto.

Tanto quisiera enseñarte pero mi alma ha dejado de sonrojarse al paso de un silbido del viento, y ya no acaricia la felicidad de sentarse en el césped y simplemente dejar que la lluvía la bañe.

Tanto quisiera que vieras lo que mis ojos hasta hace poco vieron, que hoy no encuentran.

Pero es tarde ya, y no puedo enseñarte quién fui; sólo hay en quién me he convertido.

Te deseo amor, te deseo felicidad y prometo buscar ese ser que hoy se esconde en el manto de las lágrimas que cambió no hace mucho.