Poco a poco iban llegando, se arremolinaban en mi sala y podía escuchar sus voces, las risas y hasta sentía los abrazos que se daban. Años de no verte decía Juan, si más de 20 le respondía Marcela. Primos que habían vivido su infancia juntos y que por aras del destino se habían despedido. El aroma a café empezaba a llenar el cuarto.
Pensaste que llegaría este mometo, preguntaban varios. Y algunos otros miraban aturdidos como no queriendo enfrentar ese momento. Yo no lo imaginé jamás. Alguien se escuchó decir.
De nuevo el sonido del timbre, más gente que seguro venía a ver qué pasaba, para qué los habían reunido.
La sala se sentía llena, nunca fue muy grande ese cuarto y con tanta gente seguro se sentía bochornoso y apretado, pero nadie parecía sentirse así. Platicaban con alegría, hablaban de su vida, su casa y las cosas que del diario los mantenían ocupados. Los hijos que no habían podido acompañarlos, pero qué pena no los hemos visto desde chiquitos, decían algunos. La escuela ya saben les contestaban otros. Tu esposa bien? preguntaban ... y bueno lo mejor que se puede estar después de 15 años de vernos diario. Risa nerviosas seguidas de una carcajada y un te lo dije, no ibas a durar.
A través de la puerta podía sentir y oír sus pasos, su caminar lento como queriendo mirar, pero nadie se atrevía a abrir la puerta y saludar. Podía sentir su malestar cuando se acercaban demasiado y alguien decía, Dejala dormir ya luego la veremos, siéntate a platicar. Cómo si fuese a eso que habían ido y no a verme a mi, a desearme un feliz viaje, un adiós sin retorno.
Y ya está todo listo, dijo alguien por fin. Si, llamamos ya al Padre Miguel, y preparó todo, sus ropas ya las bendijo y le dio los Santos Oleos, sin más el silencio llenó el cuarto, sin más la charla amena dio espacio al murmullo del dolor. Ya la vieron preguntó alguien, no nos han dejado parecía ser la respuesta que todos daban. Pero realmente nadie se había acercado a tocar a mi puerta. Todos simplemente evitaban ver mi rostro, sentir mi mano vieja, oirme respirar o tal vez verme morir.
Ah por fin, el café se oyó decir, y todos olvidaron lo qué los llevó ahí. Mira tía Mary trajo tortitas de azúcar, Se acuerdan cómo le gustan a la "nana", Si decía varios a coro, y se servían una y la remojaban en su taza de café. Cómo les decía ella, alguien preguntó ... ah es verdad, les decía las chochitas. Sabrá Dios por qué les puso ese nombre. Pero si Chochitas, pasa las Chochitas y todos rieron.
Y yo dentro sólo atinaba a pensar, no son Chochitas, son Achochitas, todos han olvidado lo que alguna vez amaron, y todos me han olvidado. Simplemente esperan que me cubran con este manto que ya el cura ese que ni me cae bien, ha bendecido. Esperan la hora de rezar los mil rosarios que sólo en estas fechas recuerdan y luego seguir bebiendo café para luego repartirse lo que sea que crean que tengo o que les va a tocar. Ya los veo midiendo la casa, y los muebles, seguro ya están buscando la cuenta del banco y si hay o no un Testamento. Todavía no me muero y ya los tengo a todos reunidos cual vil aves de carroña esperando ver qué les toca.
Y alguien ya sabe si la van a enterrar o la van a rostizar, jajajaja, perdón a cremar. Siempre tu babosada de comentario alguien le gritó a mi único nieto que si me quería. Oh ya, hombre, estoy seguro que ella misma lo diría así. Y tiene razón, eso mismo preguntaría yo. Cómo si me importara si me van a llenar de gusanos o me van a usar de abono de plantas. Con tal de que no me tiren al mar, porque nunca me gustó nadar. El mar siempre me dio miedo, y la verdad terminar mis días ya terminados en el mar, no eso si no.
Seguían discutiendo los detalles, y yo con ganas de gritarles NO ME HE MUERTO bola de vándalos que sólo quieren mi dinero. Ni siquiera se han dignado entrar a verme, saber si aún respiro. No han ni preguntado ´¿Cómo está la Nana? A nadie se la ha ocurrido preguntar si pueden verme. Entonces a qué vinieron.
La ropa que me van a poner ya está sobre el diván, parece que les urge vestirme y darme la vuelta de gracia al encuentro con mi Juicio Final. No entiendo por qué eligieron ese vestido rosa pálido que lo único que hará será hacerme ver más gris de lo que ya me veo. No veo zapatos, será que esperan que me vaya descalza al más allá. Supe que tenían un maquillista contratado, y qué esperan tener mi casquete abierto para que la gente pase, llore y me diga cuanto me amo cuando ya no los puedo escuchar. No, no quiero que se vea mi rostro, no quiero que sientan que ya me pueden olvidar. Cerrado deberá estar el féretro, nada de pasar a llorar.
Y el Curita ese que tan mal me cae, ese cómo por qué había de oficiar, más aburrido y lento que la misma cuaresma. No, mejor sin misas, ni rosarios, dejen que al infierno me vaya a quemar. Pero qué afán de estos de querer arreglar todo, y ni mi último respiro he dado.
Estás bien Nana? Pregunta mi querido nieto ... Sabes que si, y lo mejor que te puedo decir es que no les voy a dar gusto, HOY NO ME VOY A MORIR.