miércoles, 1 de marzo de 2017

Llegas a mi vida

Quisiera pedir que de nuevo llegaras a mi vida, pero sabes quisiera que llegaras un día como el que viví no hace mucho; y no ese día que pasaste sin mirarme.

Quisiera que vieras la vida que sonreía en mi corazón, y que miraras como yo veía los amaneceres y la noche caer con júbilo y no con el pesar de una vida que se ha enrarecido; que poco a poco se ha envejecido.

Ver mis ojos con el alma de niña que no hace mucho aun disfrutaba, mis ojos que se sorprendían al mirar al cielo cuando escuchaban el chirpear de un colibrí.  Ver esos ojos que se abrían cual platos cuando la luna le regalaba sus primeras luces y cuando se apagaba al morir la noche y dar entrada al sol.

Escuchar mi risa que se enternecía al sentir los pasos de un infante, o esa risa que moría al oír el llanto de niños al final del camino.  Escuchar cuando soltaba la carcajada sólo de ver alguien reír.

Me gustaría regalarte a la que hasta hace poco no sentía miedo, que caminaba fuerte, y pisaba más fuerte. Que podía decir hacía donde caminaría y no preguntaba, simplemente lo hacía.

Esa pisada que la gente seguía y que admiraban. Caminar despacio o rápido depende de lo que estuviesse viendo.

Tanto y tanto más me gustaría que hubieras conocido, pero llegaste a mi cuando estaba cansada. Cuando mi mirada se cubre de lágrimas ante las injusticias del mundo, cuando mis pasos temen andar por miedo a caer. Miradas que no oculto pero ya no comparto.

Tanto quisiera enseñarte pero mi alma ha dejado de sonrojarse al paso de un silbido del viento, y ya no acaricia la felicidad de sentarse en el césped y simplemente dejar que la lluvía la bañe.

Tanto quisiera que vieras lo que mis ojos hasta hace poco vieron, que hoy no encuentran.

Pero es tarde ya, y no puedo enseñarte quién fui; sólo hay en quién me he convertido.

Te deseo amor, te deseo felicidad y prometo buscar ese ser que hoy se esconde en el manto de las lágrimas que cambió no hace mucho.

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