Un día de pronto, nos encontramos con que ya no podríamos salir. Se nos dijo inicialmente que serían un par de semanas, luego otras más y estas se han convertido en meses de confinamiento. Unos le llaman aislamiento social, otros le dicen confinamiento y otros más le llaman locura.
No importa por qué llegamos aquí. Que si los chinos descubrieron un virus, que si se lo comieron, que si no nos cuidamos y ya nos fregamos. No importa, ya estamos aquí.
Para muchos ha sido el momento de reencuentro con su ser, para otros buenas razones para echarle ganas a su relación, para muchos motivo de engorda, y otros tantos han intentado hasta un libro publicar.
Nadie sabe cómo saldremos, ni qué vida vamos a llevar. Nadie sabe si saldremos mejores (la esperanza de aquéllos que meditan y piden por los demás). A saber si al salir nos volvemos locos de alegría y contagiamos a más de los que podemos contagiar. O si por el contrario nos da tanta paz no salir, que optamos por quedarnos otro rato más en aislamiento social.
Pero, todo esto, ¿a qué viene? ¿Por qué mi pregunta de a qué estamos confinados?
Te has puesto a pensar a qué te has confinado.
Yo no. No sé qué he guardado, o qué he restringido. No sé qué sentimientos han aflorado y cuales he dejado de lado. No sé qué manías o hábitos he re-descubierto o más bien he desarrollado.
¿Qué ha sacado el confinamiento en mi? Me ha dejado algo bueno o algo malo, no lo sé. Soy de las personas que no he descubierto a ese ser que algunos ya encontraron en estos meses. Soy de las que no creo salir mejor, o salir cambiada. Que tendré que usar un cubrebocas y no abrazar más a la gente, si posiblemente ese será mi cambio. Pero que algo dentro de mi haya migrado, o se haya esfumado, NO ... pero bueno ya veremos cuando finalmente salga si este encierro físico, logró que el encierro mental haya dejado algo.
Por el momento no creo ni haber cambiado, ni cambiar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario