viernes, 27 de septiembre de 2013

Una rosa para mi jardín

Hace algunos años, en un curso de cuento corto escribí un cuentito sobre el Dïa de Muertos pero con un giro muy particular en la historia. El cuento me gustó y creo que de haberlo pulido hubiera sido un muy buen cuento... mi maestro solía decir que mi estilo era una combinación extraña de mi mexicanismo y de mi amor por todo lo anglosajón. El cuento lo escribí en inglés, y hoy por hoy me gustaría saber dónde demonios lo dejé o lo tengo, porque con eso de que ya me da Eisenhower's como le decía mi padre al Alzheimmers, pues ya no me acuerdo de dónde lo puse. Y es así como creo que he perdido muchas cosas en los últimos meses, que de plano no me acuerdo de dónde lo pongo, o me da por guardarlo tan bien que ni idea de qué hice con esto o aquéllo. Tal vez debiera o de apuntar ya en una gran libreta lo que hago por día, y lo que guardo por noche; así por lo menos podría encontrar más fácilmente mis cosas.
Y bueno, volviendo al cuento y al Día de Muertos imagino que ya todos están pensando en qué se van a poner para la fiesta de Halloween y todos estarán pensando a la fiesta de quién irán, lo que yo me pregunto es cuantos estarán realmente celebrar el Día de Muertos como tal. Un amigo mio inglés inició el año pasado una "tradición" dice él (aunque sólo lleva un año haciéndola) de Día de Muertos a la mexicana. Decoró su casa como lo haríamos muchos acá, consiguió juegos de loteria mexicana, y haciendo lo que pudo cocino platillos mexicanos. Y mientras que para él es muy divertido y más tradicional tener una celebración mexicana, para muchos de nosotros se nos ha olvidado qué es lo que celebramos ese día (creo que muchos de nosotros ya sufrimos de Eisenhower's) se nos ha olvidado darle su lugar al evento mexicano y le damos paso a la fiesta, (ni siquiera Halloween) ... a la fiesta de ponernos hasta atrás disfrazados.
Tristemente, poco a poco, descubro que a los mexicanos lo único que les interesa en sus celebraciones es ver cuanto pueden tomar, cuanto aguanta su cuerpo y si se pueden poner hasta atrás con o sin disfraz.
Por cierto, el cuento no tiene nada qué ver con borrachos o disfraces, pero bueno eso ya es historia de otro costal.

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