Todos tenemos días en los que lo que menos queremos es seguir viendo que todo nos está saliendo mal, y que si pudieramos nos meteríamos a toda velocidad de vuelta a la cama y no saldríamos hasta que el sol volviera a salir; ayer fue uno de esos días en los que por evitar el color horrible de los uniformes de la prisión no maté a nadie, pero a cómo se antoja a veces. Y no, mis instintos no son asesinos, y creo que no soy capaz de matar ni una araña (sólo mosquitos, porque los alucino) ... pero si hay días en los que hay personas que se merecen no aparecen en la vida de uno ni por error, y su mera presencia nos causa una molestia tal que de plano ni conciliamos el sueño. Y, ¿qué podemos hacer para que esos días nos sean más leves? ... Creo que ahí me voy a seguir el consejo de Amanda Gore, mi gurú de felicidad, y es aunque nos cueste trabajo sonreír por lo menos más de un minuto, eso nos hará sentir menos mal y las ganas de matar si desaparecen. Así que si hoy se antoja ayudar a alguien a dejar de existir, mejor esboza una gran sonrisa por más de un minuto, sal a la calle, toma un poco de sol y vuelve a empezar. Eso si, si insiste, dale una mirada de "ojos asesinos" y luego vuelve a sonreír de pensar en el miedo que le has causado a dicha persona.
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