lunes, 20 de mayo de 2013

Los Mariachis callaron...

Dentro de las muchas cosas que mi padre me dejó, fue el amor por la música; y aunque el fue siempre un ferviente defensor de la música clásica y muy poco tolerante con todo aquéllo que sonara un tanto popular, nos enseñó a amar la expresión musical. No importa de qué humor estés la música siempre te transporta, te lleva a otro punto. Ayuda en todo momento a relajar cualquier mal momento, aunque sea Metal, Heavy o Punk, la música por más que sangolotees la cabeza te ayuda a calmar los ánimos. Y el mejor ejemplo de ello es esa escena de la película de Mike Myers "Wayne's World" dentro del auto cuando van escuchando Bohemian Rhapsody de Queen; acéptenlo, todos en algun momento hemos sangoloteado la cabeza así al escuchar el coro de la canción y nos hemos tranquilizado en el peor de los tránsitos de esta desquiciada ciudad. Y mientras unos prefieren escuchar baladas en el desquiciante tránsito, otros se ponen clásicos, y los hay que sólo con música de banda aguantan los claxonazos y a los peseros. Yo soy un poco roquera en esta intranquila ciudad; me gusta subirle un poco al volumen y darle vuelo a la hilachada cabellera y sonreír a todo lo que da para olvidarme del atolladero en el que estoy metida. Eso si, tengo que decir que más de uno se ha emocionado con mis bailes y mis sonrisas y se ríen conmigo o tal vez sea de mi, lo que me deja muy claro que no sólo la música me ayuda a mi a relajarme, también a muchos de los que me hacen compañía en los autos de a lado.   

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